Tesoros naturales y artísticos en el Parque Nacional La Güira

Tesoros naturales y artísticos en el Parque Nacional La Güira
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En el corazón de las montañas pinareñas, al occidente de Cuba, el Parque Nacional La Güira espera al visitante, enclavado en el segundo destino turístico de esa región. A este excelso museo al aire libre le respalda una singular historia. Es un área protegida que debe su nombre a un sistema homónimo de elevaciones que se localiza entre las sierras del Rosario y de los Órganos.

Parque Nacional La Güira, travesía retrospectiva

Puente sobre el rio San Diego

Muchos coinciden en que el Parque Nacional La Güira semeja un paraíso en medio de las húmedas montañas, fruto de esa naturaleza virgen que le rodea y de la imaginación de su primer propietario, el entonces joven senador de la república José Manuel Cortina, quien ocupó cargos gubernamentales en distintas administraciones de la llamada “neocolonia”, en las décadas del siglo XX.

Cuentan que su construcción inició en 1906 y duró hasta 1920. Se le bautizó como Hacienda Cortina. Era una de las mayores de la región, con más de seis mil fincas, algunas dedicadas a la cría de ganado porcino o vacuno, y otras al cultivo de café, árboles maderables y frutales. Tampoco faltaban hectáreas destinadas a las tradicionales plantaciones de tabaco.

Escultura de bronce de leon en Parque Nacional La Güira

Se dice que Cortina era un hombre excesivamente culto y con un gusto muy refinado, quizás por ello la mayor atracción de la propiedad eran las originales edificaciones y jardines exteriores destinados al esparcimiento de su dueño y las amistades más allegadas, donde confluían artísticas esculturas y relevantes diseños arquitectónicos en armonía con el paisaje natural. Tales creaciones han llegado hasta nuestros días, con excepción de la casa principal, devastada hace décadas por un incendio y de la que únicamente se conservan las ruinas.

Cuando en 1959 la hacienda pasó a ser propiedad del Estado cubano, se creó allí un sitio de recreo y esparcimiento destinado a personas de cualquier edad, condición social o nacionalidad. Desde entonces se le conoció como Parque La Güira.

Inspirado en el Palacio de Versalles

La Casa Roja en el Parque Nacional La Güira

Un elegante portón medieval da la bienvenida a los viajeros en La Güira. Sobre el arco de medio punto que sirve de entrada, se alzan increíblemente dos majestuosas torres con muros aledaños que se extienden a ambos lados, delimitando el perímetro de la hacienda. Se dice que para su construcción se utilizaron piedras de la zona, que fueron dispuestas con cuidado y donaire.

El camino que conduce hacia las ruinas de la antigua casona es estrecho, pero dotado de una beldad ilimitada. Ante los ojos del visitante se extiende un césped verde, cuidadosamente podado, y no tan lejos asciende la majestuosidad de las montañas. Sólo bastan unos minutos de caminata para comenzar a descubrir las tan anunciadas bellezas.

Pequeña fuente en el Parque Nacional La Güira

De pronto, la ruta se trueca en un conjunto de jardines, glorietas, fuentes y pequeñas rotondas con bancos para el descanso y esculturas talladas en mármol de Carrara o bronce, que unidas al conjunto de blancas luminarias, recuerdan el estilo del parisino Palacio de Versalles. Por eso también algunos le apodaron Parque Francés.

El visitante puede deleitarse con estatuas dedicadas a seres mitológicos como Narciso, Afrodita, ninfas griegas o personajes egipcios que decoran los alrededores de lo que fue la residencia principal, así como la representación escultórica de animales en plenas batallas épicas como el león y la serpiente, originales lámparas sostenidas por efigies de primates y verdes anfibios por cuyas bocas brota el agua que alimenta y da vida a las fuentes.

Fuente de fauno y angel en el Parque Nacional La Güira

La travesía del río San Diego por la hacienda hizo posible que antaño Cortina ordenase la disposición de un atractivo lago artificial, propicio para practicar la pesca y realizar paseos en bote. Los paseos aún están disponibles para quienes acuden al parque, con la garantía de recorridos por un estanque poco profundo, y el regocijo de paisajes naturales, en contraste con los puentes, islas y ensenadas artificiales, embarcaderos y caminos de piedra que decoran y otorgan mayor intensidad al entorno.

En otra área encontramos una piscina natural recientemente construida en un sector del lago, así como tres piscinas artificiales que sobresalen por el ornamento de esculturas dispuestas en los bordes; pero ahí no terminan los encantos.

Reproducción esfinge egipcia en el Parque Nacional La Güira

Al este del lago se localiza el Parque Japonés, un emblemático sitio de esparcimiento, donde el visitante puede encontrar motivos alegóricos a la cultura del país asiático, un aviario, el mausoleo perteneciente a la Familia Cortina y las ruinas de la casa japonesa, en proceso de restauración. Aquí otrora Cortina y sus amigos practicaban costumbres orientales, en busca de la armonía entre el cuerpo y el alma.

La Casa Museo de China constituye otro espacio para conocer de cerca las tradiciones legadas por esa civilización, que nos acerca a ella por medio de la importante compilación de piezas y obras de arte que allí se exhiben.

Exotismo inigualable

Jardin Japones en el Parque Nacional La Güira

Recorrer los senderos del Parque La Güira es una invitación a conocer los secretos de la inigualable naturaleza. Se dice que estos delgados caminos pavimentados cubren una distancia próxima a los cinco kilómetros, rodeados de frondosos árboles propios de los bosques semideciduos. Se observan, además, los típicos pinares en torno al río, que tipifican a la provincia más occidental de la Isla. Tampoco faltan los palmares, que otorgan a la región un férreo sello de cubanía.

Junto al buen clima de la zona, las aves armonizan sus trinos cualquier caminata. Pueden divisarse, entre otros, ejemplares como la preciosa cartacuba, los libertinos tomeguines de la tierra y del pinar, el cubanísimo tocororo y el ligero ruiseñor, que prefiere deleitar a todos con su cántico sin que lo descubran.

Servicios para el disfrute

Otra vista de la entrada del Jardin Japones en el Parque Nacional La Güira

En el Parque Nacional La Güira, el visitante puede encontrar servicios gastronómicos de calidad. El restaurante La Güira es considerado el más importante del parque, con techo a dos aguas, cristales de colores en lugar de paredes y un refinado decorado, que se visualiza desde la misma entrada, donde una fuente con una estatua de bronce en el centro da la bienvenida a los comensales. Al lado del restaurante se encuentra el mirador, desde cuya cúpula y terraza la vista alcanza gran parte del parque.

Mientras tanto, en el rústico ranchón Las Maracas se pueden degustar platos elaborados al carbón, principalmente de la típica carne de cerdo. En ese sitio, conjuntos de música cubana amenizan almuerzos o cenas, haciendo más agradable la estancia de los visitantes. El parque también cuenta con ofertas de comida ligera en sus cafeterías.

Viajeros recorriendo el Parque Nacional La Güira

Quien vaya a La Güira debe probar el alegórico cóctel La Güirita, que se sirve en media güira seca (fruto duro y redondo no comestible con que también se fabrican instrumentos musicales) y lleva como ingredientes la mezcla de ron Guayabita del Pinar y jugo de piña, aderezados con miel, crema de leche, canela y está decorado con la misma yerba buena del mojito y el daiquirí.

Quienes deseen permanecer más de un día pueden encontrar alojamiento en Villa Las Maracas y en la Casa Roja. Entre las dos pequeñas pero acogedoras instalaciones, suman nueve habitaciones equipadas con televisión, climatización, agua fría y caliente, y confortables camas.

La Güira, idílico ensueño

Entrada principal al Parque Nacional La Güira

La geografía cubana agradece la presencia de un sitio como La Güira en su ambiente natural. Se trata de un lugar idóneo para visitar en familia, en pareja o en grupos de amigos. Siempre quedará guardado en la memoria como un recuerdo gratificante que valdrá la pena revivir, más temprano que tarde.

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El Parque Nacional La Güira ofrece 22 mil hectáreas de tierras protegidas de la depredación humana, repletas de maravillas naturales y artísticas heredadas de los antiguos dueños, quienes intentaron una versión cubana del Palacio de Versalles.

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