La Rampa, pasarela cultural de La Habana

La Rampa, pasarela cultural de La Habana

La Rampa, el concurrido tramo de la habanera Calle 23 que va del Malecón al Coppelia, vuelve a atraer a los amantes de la cultura en la capital de Cuba: el Festival de Cine Francés llega a sus salas de proyección, como otra invitación a hacerle honor a una frase cotidiana entre los capitalinos:

"Rampa arriba, Rampa abajo."

Aquí el arte está, literalmente, a los pies del caminante, que desanda aceras decoradas con pinturas de leyendas como Wifredo Lam y Amelia Peláez. En esta zona conviven cabarets en decadencia, boutiques, bazares de artesanías y oficinas gubernamentales. Nada mal para un lugar que a mediados del siglo XX era un terreno cenagoso y plagado de sumideros, y aunque sus neones no brillan tanto como antes, todavía tiene ese esplendor que atrae a cubanos y extranjeros.

El nacimiento de La Rampa

Una de las primeras acciones para convertir a La Rampa en un torbellino artístico fue la apertura en 1967 del Pabellón Cuba, recinto concebido para exposiciones y ser la sede de la Primera Muestra de la Cultura Cubana en 1967. A tono con la exhibición, las aceras de losa fueron decoradas con las obras pictóricas de Lam y Amelia, figuras de alcance universal.

A partir de ahí, esta zona desplazó a espacios como el Boulevard de San Rafael, y entronizó a El Vedado como el auténtico corazón de La Habana. Miles de personas recorren a diario La Rampa, donde está una de las esquinas más céntricas de La Habana, 23 y M. También está la mencionada Coppelia, la mítica "Catedral del Helado", donde la oferta dista mucho de sus años de gloria, pero aún se hacen largas filas para saborear un helado que conjure el calor.

Entre clubes y cines

Algunos bares y clubes nocturnos recuerdan la edad de oro de la vieja Habana nocturna, con espacios como La Zorra y el Cuervo, una meca del jazz en Cuba, y el cercano cabaret "Pico Blanco", del Hotel Saint John, que fuera feudo del "filin", aquella variante del bolero creada por José Antonio Méndez y César Portillo de la Luz.

Otra fecha que desorbita La Rampa es diciembre, cuando La Habana es invadida por el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. En esos días, además de largas filas a las puertas de los cines Yara y Rampa, cualquiera puede encontrarse con actores, realizadores y gente del cine sin glamour ni alfombras rojas, sencillas y mezcladas en la multitud.

¿Por qué no puede perderse La Rampa?

Con La Rampa pasa como con el Capitolio Nacional: si has estado en La Habana y no la has caminado, es como si no hubiera puesto un pie en la capital cubana. Llegar es muy fácil. Se puede venir por toda la Calle 23, por el Malecón o por la pintoresca Calle Neptuno.

Aquí se puede comprar refrigerios por doquier, particularmente "fast-food" criolla en paladares y cafeterías, así como pizzas baratas, con mucha harina y poco queso. También puede comprar productos artesanales en un parquecito frente al Pabellón Cuba, sin dejarse nunca impresionar por el precio inicial, pues los tenderos son duros, pero al final ceden ante un buen regateo. Souvenirs, mini-esculturas, cuadros y vestimentas tejidas, con precios más asequibles que en las tiendas aledañas.

El trasiego amaina, pero nunca para. No se deje impresionar por la multitud, porque el lugar es seguro, al menos de día. El horario diurno es el mejor, por el movimiento constante y porque, total, la sombra nunca falta. Eso sí, asegúrese de cargar la batería de su teléfono, habrá más de una oportunidad para un "selfie" que sus amigos envidiarán.

Rampa arriba, Rampa abajo, así definen los cubanos la tradición de desandar el tramo más famoso de la céntrica Calle 23, salpicado de cabarets decadentes, boutiques y ferias artesanales, edificios de oficinas y hoteles con pedigrí.

Otra atracción es fundirse en la incesante multitud que va desde Coppelia, la mítica "Catedral del Helado", hasta el Malecón de La Habana. Coto para la navegación de cubanos que descubren la Internet, no debe perderse este paseo entre sitios de farándula, historia y obras de arte eternizadas en las aceras.

Rampa arriba, Rampa abajo, así definen los cubanos la tradición de desandar el tramo más famoso de la céntrica Calle 23, salpicado de cabarets decadentes, boutiques y ferias artesanales, edificios de oficinas y hoteles con pedigrí. Otra atracción es fundirse en la incesante multitud que va desde Coppelia (la mítica Catedral del Helado) hasta el Malecón de La Habana. Coto para la navegación de cubanos que descubren la Internet, no debe perderse este paseo entre sitios de farándula, historia y obras de arte eternizadas en las aceras.

arantxa Arantxa

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