Una experiencia de sol y mar en lo más occidental de Cuba: María la Gorda

Una experiencia de sol y mar en lo más occidental de Cuba: María la Gorda

Ya habíamos recorrido casi toda Cuba, así que nuestro regreso a esta bella isla caribeña estaba destinado a aquellos sitios que nos faltaban. No es menos cierto que Cuba tiene algo especial, algo que te cautiva a primera vista. No sabemos si es la simpatía y naturalidad de los cubanos, sus paisajes urbanos y campestres, o una mezcla de todo aquello, lo que nos sedujo.

Esta vez decidimos conocer la zona más occidental de Cuba, en la provincia de Pinar del Río. Cuando llegamos al aeropuerto nos dirigimos a las oficinas de CubaCar porque no habíamos podido hacer la reservación antes. Allí, después de esperar unas horas, alquilamos un auto. No estábamos muy convencidos de los precios y la calidad de este, aunque para cubrir nuestros propósitos era la mejor opción.

Una experiencia singular en María la Gorda

Nos quedamos la primera noche en La Habana y al otro día, después de almorzar, salimos rumbo a María la Gorda. Por las referencias que teníamos, nos podíamos quedar en un pequeño hotel que se encuentra en la punta de la península, o en alguna casa particular en la zona de La Bajada. Y hacia allá nos fuimos sin pensarlo dos veces.

Un pequeño susto

El camino era bastante directo, aunque la carretera hacia María la Gorda no estaba en muy buen estado y había que andar con cuidado. Llegamos al hotel ya en la noche. De repente, y por suerte para nosotros, el auto se apagó justo en la entrada del hotel. Nos aterrorizamos en ese momento porque no encendía, pero el personal del hotel, muy amablemente, nos ayudó y finalmente se solucionó el problema.

Al parecer no habían revisado el auto antes de entregárnoslo y tenía algunas piezas sueltas. Así que tenga cuidado siempre que alquile un auto en La Habana, sobre todo en el aeropuerto, porque sucede que en ocasiones otro cliente entrega el auto y luego lo reservan sin revisarlo primero.

María la Gorda, kilómetros de playas vírgenes

Pasamos la noche en el hotel, un sitio muy tranquilo donde no había muchos huéspedes. Los precios varían según la temporada; nos costó unos 80 CUC la noche, que incluía el desayuno.

En el hotel puede cenar o almorzar, solo que no está incluido en el precio de las habitaciones. Cenamos en la noche cuando llegamos, a la orilla de la playa. La comida fue aceptable aunque no había mucho de lo que ostentaba el menú, pero a eso ya estábamos acostumbrados en Cuba. Sin embargo, fue muy agradable cenar casi con el mar a nuestros pies.

Al otro día después de un buen descanso fuimos a la playa. Esta zona pertenece a la Península de Guanahacabibes, un área Reserva de la Biosfera con una variedad y riqueza natural increíbles. Entre sus mayores atractivos, y el motivo por el cual muchos viajeros llegan hasta el lugar, es el buceo, el submarinismo y el snorkel.

Entre historias de piratas y corsarios

En esta punta de la isla se reúnen muchas de las maravillas del fondo marino del Caribe, tales como los arrecifes naturales, las impresionantes barreras coralinas y una exuberante fauna marina. A ello se unen los muchos restos arqueológicos de barcos y botines que llegaban, durante la Colonia, a esta zona de tránsito entre Europa y Centroamérica.

Muchas son las leyendas de corsarios y piratas que abundan por allí y le impregnan un valor enigmático y mítico a la zona. Incluso, se dice por una parte que se llama María la Gorda por una indígena venezolana traída y violada por los piratas; mientras que por otra, en alusión a la hija de un capitán español que naufragó en el sitio debido a un huracán.

Lo cierto es que aquella mujer llamada María, de proporciones voluptuosas, se convirtió en una traficante y a todo pirata que hasta allí llegaba le ofrecía mujeres y comida a cambio de plata. Las historias que podrá escuchar son muchas, porque aún existen descendientes de aquellos filibusteros que mantienen vivas las leyendas escuchadas y aprendidas de sus antecesores.

Disfrutar del mar...

Particularmente nos asusta un poco el buceo, así que decidimos mejor disfrutar de la playa, reservada para quienes se hospedan en el hotel. Aquello fue increíble. El agua caliente y cristalina, con poca profundidad, una tranquilidad apabullante, excelente para relajarnos y comenzar a sentir nuestro viaje de verdad.

Pasamos la mañana en aquel paraíso, luego dejamos el hotel y continuamos descubriendo el occidente. Cuando se sale de esta punta de la península se encuentran kilómetros de playa desoladas, donde se puede hacer una parada y disfrutar de las vistas y, sobre todo, la soledad. Así lo hicimos, parqueamos el auto y disfrutamos un rato más del mar, que aquel sitio se siente en toda su inmensidad.

Vivencias para no olvidar

La playa quizá no es de la mejor calidad en algunas zonas. Así que tenga cuidado con las piedras o los erizos que pueden causar verdadero daño, y que conste que lo decimos por experiencia personal. Pero nada se compara con pasar un día allí. El sosiego y el silencio, el sentirte único y pequeño en el mundo, ante la grandeza del mar y sus olas, no tiene comparación. Es un momento para despertar los sentidos, para relajarse y a la vez, llenarse de vitalidad. Y si tiene la suerte de estar en buena compañía, como yo, pues mucho mejor.

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El recorrido por el occidente cubano despertó nuestro deseo por conocer más de este país. Porque el ambiente, la tranquilidad, las vistas y lo enigmático de esta hermosa zona se confabularon para atraparnos en la desconocida región.

milagros Milagros

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