La iniciativa de los emprendedores cubanos ha llevado a algunos de ellos a convertir sus casas en restaurantes, o a adquirir antiguas casonas coloniales casi en ruinas y darles nueva vida como elegantes «paladares». Allí, entre exquisitos aromas y deliciosos sabores uno puede encontrase disfrutando de la mejor comida caribeña o internacional, en los espacios arquitectónicos donde antes hubo un hogar cubano.
La arquitectura habanera, ecléctica y sorprendente, unido al aire de familiaridad que predomina en estos negocios privados, hacen que comer en las casas-restaurantes sea una experiencia diferente.
Cuatro paladares habaneras
A continuación recomiendo algunas que no debe perderse, sobre todas esas donde no se han intervenido mucho los espacios, sino que cada uno se ha «refuncionalizado» para hacerle sentir en su propia casa.
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Comiendo en La Casa
Este no puede ser más obvio y desde su nombre anuncia una experiencia casi hogareña. Y no decepciona. En Nuevo Vedado; calle 30 número 865, entre 26 y 41; encontramos el restaurante La Casa en una vivienda de estilo racionalista construida en los años 50 del pasado siglo.
Desde 1995 su dueño la convirtió en un negocio culinario pero tan cálido en el trato que pareciera que está en su casa, y no en la de él. A esto ayuda que mantuvieron la estructura casi intacta, de dos plantas, una terraza y patio interior, y a que varias generaciones de la misma estirpe laboran allí.
Además, el trato es muy atento y se sirven recetas que son patrimonio familiar, aunque se añade comida internacional como las pastas italianas, pastelería francesa, comida asiática, tapas españolas…
La otrora vivienda es territorio libre para la invención culinaria y la comida gourmet. Sus espacios; salas, dormitorios, salones…; fueron convertidos en varios comedores beneficiados con iluminación natural. Se mantuvo una terraza exuberante, con frutales y helechos, un pequeño paraíso doméstico.
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Cocina escandinava en un solar habanero
Cuando uno busca la dirección en calle Lealtad número 120, entre Ánimas y Laguna en Centro Habana encuentra un solar, esas viviendas comunales tan frecuentes en la ciudad, nacido de antiguas mansiones. Hallamos también, apenas se traspasa el gran umbral, una joya escandinava en medio del Caribe: la Casa Miglis.
Es el primer restaurante donde la tradición culinaria sueca se abraza con la cubana, en una extraña y fascínate relación. Creada por el cineasta y músico Michel Miglis, se recuperó una antigua vivienda de 1922, de techo de enorme puntal y mueblería vintage. La decoración parece de un país europeo, aunque respetando la arquitectura criolla de inicios del siglo XX.
Es una oportunidad para conocer las clásicas tostadas Skagen, untadas de gambas frescas, cebollino, mayonesa, rábano y eneldo. La «Cazuela de Mariscos» en azafrán y pescado, con pan de ajo y vino blanco también es altamente recomendada.
¿Y si damos un salto hasta la península itálica? Una delicia imperdible es el pez perro gratinado con queso parmesano, vino blanco, mantequilla y hierbas frescas.
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La Catedral doméstica
No estamos en La Habana Vieja, sino en la calle 8 del Vedado, entre Calzada y 5ta. En La Catedral, el restaurante, se rinde culto a la buena comida y al servicio atento al cliente.
A diferencia de otros paladares de Cuba nacidos de viviendas y que solo podemos intuir dónde se encontraba cada habitación o sus funciones, en este hay huellas hogareñas por todas partes. Aunque si se desplazaron algunas paredes, mantuvieron elementos reveladores de su distribución original.
Por ejemplo, uno de los salones se llama «el baño» y tiene empotradas tuberías y losas típicas de esas habitaciones, y así con los distintos salones de La Catedral.
Uno de los espacios, que recomiendo para almorzar, es «El Garaje» con sus inconfundibles mesas y bancos de taberna. Allí también hay paredes con ladrillos a la vista y objetos que recuerdan la antigua función del lugar.
Hay que tomarse un tiempo para degustar la exquisita cava de vinos internacionales, con marcas chilenas, españolas, italianas y francesas, entre otras. Acompáñelos con unas croquetas de queso y papas fritas, mientras espera que le traigan un «Chilindrón de Chivo», plato típico cubano que consiste en un estofado de cordero en salsa criolla que el chef Luis Fermín Pomier prepara como un dios.
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El arte del Bar-Restaurante Espacios
Cuando no existían tantas paladares en La Habana, ya el restaurante Espacios tenía fama de lugar cómodo y acogedor. Quizás se deba a que, visto desde afuera, continúa pareciendo una casona familiar de antes de los años 50 del siglo XX, toda pintada de blanco.
Incluso al entrar a la edificación de la calle 10 número 513, entre las avenidas Séptima y Quinta de Playa, notamos que no ha cambiado mucho desde que solo se utilizaba para vivienda, a no ser por las numerosas obras de arte que cuelgan de las paredes, el techo. También las encontramos en los jardines, como esas curiosas esculturas de «metal inflable» a la entrada, del artista Jeff.
El portal ahora es una de las áreas para fumar, y donde antes hubo una sala de estar se ubica un reservado de discreta iluminación y climatizado, de curiosa decoración pues sus paredes están cubiertas con revistas y periódicos de todas las épocas. Frente, en el mismo pasillo hay otra sala pero más abierta y con circulación del aire donde uno puede tenderse a conversar en unos confortables sillones.
Lo que fue un comedor se convirtió en el espacio de una barra bien provista de bebidas y con una exquisita selección de rones cubanos. Se mantienen intacto el baño de la casa y la escalera al segundo piso, donde vive el propietario.
El patio es quizás el lugar más encantador del restaurante, con una parrillada y mesas para comer o compartir tragos en medio de una vegetación que refuerza la ilusión de estar en una casa campestre. Pídase un buen vino y unos camarones al ajillo, un domingo por la tarde mientras suena la música en vivo; o un trago de Ron Santiago de Cuba para aderezar el carpaccio de pechugas con teriyaki.
Comiendo a gusto como en su propia casa
La mejor comida no siempre está en los restaurantes clásicos, concebidos para esa función; también está en las paladares de Cuba . Muchos han nacido cuando sus dueños decidieron convertir sus propias viviendas en lugares donde imaginar otras maneras de presentar la tradición culinaria y la coctelería cubana.
Estos que recomiendo son algunos donde podrá degustar el cielo como si estuviera en su propio hogar.