Soroa, una historia de amor para las orquídeas

Soroa, una historia de amor para las orquídeas
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El abogado de origen canario Tomás Felipe Camacho fue el creador de lo que hoy conocemos como Orquideario de Soroa, un sitio maravilloso, encantado y excelso para la ciencia, los ojos y el alma.

Phalaenopsis híbrida en el orquideario de Soroa, Artemisa, Cuba

Se recorre despacio, no conviene la ansiedad del visitante. Vamos escudriñando botones aparentemente insignificantes a la vista inexperta, pero muy frágiles a todas luces, y paso a paso imaginamos el triste y obsesivo cuidado en cada tronco que sirve de hospedero, en cada gota de rocío que alimenta la belleza, pues el invernadero criollo está fundado sobre el recuerdo y la nostalgia.

Soroa, el amor y dolor

Papidionante teres X en el orquideario de Soroa, Artemisa, Cuba

Dicen que Tomás Felipe arribó a La Habana con 13 años y sobrevivía como vendedor de periódicos. En uno de sus recorridos conoció a Pilar León y se enamoró perdidamente de ella, pero la gran diferencia de clases sociales hacía imposible su relación. El joven se sacrificó, trabajó intensa y persistentemente con todas sus fuerzas y concentración hasta convertirse en abogado, por lo que al fin pudo contraer nupcias con Pilar.

Otra Papidionante teres X en el orquideario de Soroa, Artemisa, Cuba

Con lo que ganó representando los intereses de la industria azucarera, compró la casa de Soroa, a unos 80 kilómetros al oeste de La Habana, en la actual provincia de Artemisa. Inicialmente estuvo destinada al descanso. En 1943 su esperada hija murió en las labores de parto y la esposa, un tiempo después. Entonces el angustiado hombre centró todas sus energías y dedicación en el cultivo de las flores que tanto gustaban a su mujer, especialmente las orquídeas, para rendir culto a los sentimientos y la memoria.

Epidendrum radicans en el orquideario de Soroa, Artemisa, Cuba

En ese proceso reunió e importó ejemplares nativos y exóticos, provenientes de toda Cuba, Asia y varias regiones de América. Camacho se convirtió en un verdadero especialista y en uno de los cultivadores más importantes de su país. Perteneció a organizaciones científicas y sociedades internacionales de las orquídeas, llegando a juntar unos 18 mil ejemplares, incluyendo casi todos los "Dendrobiums" conocidos hasta ese momento.

El invernadero

La propiedad en Soroa, un paraíso natural entre las montañas del occidente cubano, se convirtió en refugio para Camacho. Primero la nombró Rancho Pinilla en honor a la hija. Sucesivamente, antes y después del deceso del dueño, se le han hecho reformas, mejoras y reconstrucciones ante la afectación inevitable del tiempo, los huracanes y otros eventos meteorológicos. Desde 1961 es Patrimonio Nacional.

Oquidea en el orquideario de Soroa, Artemisa, Cuba

En unos 35 mil metros cuadrados se distribuyen troncos de árboles, invernaderos más pequeños para resguardar las delicadas flores de los elementos y la luz natural, que es bastante fuerte por el clima local, caluroso y húmedo, con envidiables índices de sobrevivencia y crecimiento. Nueve umbráculos semejan los hábitats naturales sobre plantas vivas, donde se exhiben y reproducen los especímenes. El décimo umbráculo, conocido como Orquideograma, expone las orquídeas recién florecidas.

Por sus condiciones y resultados satisfactorios, ese lugar se ha posicionado como centro docente e investigativo, para estudiantes y científicos nacionales e internacionales. Allí se experimentan procesos de hibridación, conservación y se ejercita la taxonomía, con objetos de estudio in situ sin parangón en aquella región geográfica. Se analiza al detalle cada espécimen, se promueve el cultivo de tejidos in vitro y la posterior reintroducción en el ambiente natural. Para complementar, cuentan con una biblioteca de alta especialización.

La colección

Phalaenopsis híbrida en el orquideario de Soroa, Artemisa, Cuba

El Orquideario de Soroa acoge la más grande y diversa colección de estos especímenes en Cuba, con unas 130 especies autóctonas y 700 provenientes de las regiones tropicales y subtropicales de todo el mundo. Podríamos decir que el abogado Camacho estaría complacido y orgulloso de la continuidad de su obra, ahora ascendente a 20 mil ejemplares.

Mucho agrado reparten las Cattleyas, la Vanda teres, la orquídea negra, pero dicen los encargados que su mayor orgullo es la orquídea mariposa (Encyclia bocourtii), una especie descubierta a fines del siglo XX en la serranía circundante, Reserva de la Biosfera desde 1984. Además de las orquidáceas, hay una importante muestra de maravillas de la horticultura como las begonias, crotos y Anthuriums.

Paisajes y cascadas

Busto de Jose Marti en el orquideario de Soroa, Artemisa, Cuba

Soroa es conocido como "El arcoíris de Cuba" por la cantidad de ríos y arroyos que lo surcan, con especial atención en un salto de 22 metros de altura que hace las delicias de los amantes de la naturaleza, muy cerca del orquideario. Igualmente, resulta enriquecedor el paisaje que se observa de cerca y de lejos, desde un mirador ubicado a 250 metros sobre el nivel del mar. Este balcón está asociado al Castillo de las Nubes, un restaurante de comida criolla y foránea construido a mediados del siglo pasado al estilo medieval.

Hospedaje entre los montes de occidente

Otra Epidendrum radicans en el orquideario de Soroa, Artemisa, Cuba

Si queremos extender la fiesta de nuestros sentidos y pulmones, con amplias bocanadas de aire puro y sano, podemos permanecer varios días en esos parajes. Para ello existe una pequeña red de casas particulares (privadas) de arrendamiento en el poblado, donde compartimos con las familias locales y aprendemos sobre sus comidas, costumbres e idiosincrasia. También está la Villa Horizontes Soroa, a sólo metros del orquideario. Es un agradable hotel de tres estrellas estrechamente ligado al entorno, con una piscina y 74 habitaciones dignamente equipadas; 49 de ellas son estándar y 25 están distribuidas en nueve bungalows.

Soroa es más que orquídeas

Arundina bambusifolia en el orquideario de Soroa, Artemisa, Cuba

Generalmente para los turistas tradicionales no basta con los colores y fragancias del orquideario, por lo que complementan su estancia en Soroa con paseos a caballo, senderos boscosos, visitas a longevas plantaciones de café, observación de aves y paisajes, cicloturismo y montañismo, entre otras opciones.

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El amor y el dolor por los seres queridos se unieron para fertilizar un jardín botánico en Soroa, en el occidente de Cuba, que años más tarde se convertiría en el principal orquideario de la Isla y uno de los más importantes del mundo.

arantxa Arantxa