Trinidad de Cuba, el esplendor de la conservación a 505 años de su fundación

Trinidad de Cuba, el esplendor de la conservación a 505 años de su fundación

Trinidad es una de las ciudades más visitadas de Cuba. La razón fundamental: el impecable estado de conservación de su centro histórico que remonta al visitante a los siglos XVIII y XIX. Sin quedar totalmente detenida en el tiempo, atrapa en un entorno donde sus calles adoquinadas, sus techos de tejas rojas, el enrejado que protege sus fachadas coloniales confabulan para remontarnos a un período de esplendor y riqueza vivida por sus encumbrados habitantes de entonces.

Pero resguardar cada elemento se precisa de un conocimiento y una pasión que muchas veces se percibe más allá de la simple contemplación. Es por eso que Trinidad constituye, para el resto de Cuba y parte de la región, un fidedigno exponente del cuidado de la historia y la cultura locales.

Trinidad y los inicios de un espíritu preservador

Montañas del Escambray vistas desde la ciudad de Trinidad en Sancti Spiritus, Cuba

La conservación de Trinidad se remonta hacia finales de los años 40 del pasado siglo XX, cuando un grupo de sus moradores pretendieron atraer la mirada turística de entonces hacia la antigua villa. Por aquellos años Estados Unidos constituía el principal emisor de viajeros hacia Cuba y La Habana, por supuesto, los atraía con el brillo de sus cabarets, salas de juego y hoteles situados en su amplio litoral.

Después de 1959, la villa continúa esta labor pero ya desde un concepto más institucional, con la voluntad del gobierno, encaminado a preservar lo existente y rescatar todos aquellos exponentes cuyo valor se evidenciaba entre ruinas y escombros. Es a partir de 1963 que Trinidad renace para crecer como una hermosa ciudad, atrapada en el tiempo pero latente y viva desde su interior; condición que le fue premiada en 1988 con la categoría de Patrimonio de la Humanidad junto al impresionante Valle de los Ingenios.

Vista de la Hacienda Manaca-Iznaga en el Valle de los Ingenios desde lo alto de la torre

Dos momentos catapultan los valores de Trinidad llevándola a obtener esta declaratoria. El primero, la apertura del Museo de la Arquitectura en 1982. Este espacio, único de su tipo en Cuba, exhibe las tipologías arquitectónicas trinitarias pero también posibilitó que se catalogara el estado de conservación de la manifestación en la otrora villa y a partir de entonces que se comenzaran a preparar los expedientes y documentación pertinente para obtener tal condición. El segundo, está asociado a la creación del equipo de restauración de la ciudad que años después diera lugar a la formación de la Oficina del Historiador de Trinidad.

En buena medida el éxito de Trinidad, desde el punto de vista turístico, depende de su posición privilegiada pues está bañada por las aguas del mar Caribe, escoltada por el macizo montañoso del Escambray y acompañada por el esplendoroso paisaje del Valle de los Ingenios. En su conjunto le aportan grandes valores que atraen a los numerosos viajeros que la visitan. Otro componente que la ennoblece son sus moradores quienes a través del respeto a esos valores preservan esa arquitectura local, pero también las costumbres y tradiciones que la han acompañado desde 1514 cuando fuera fundada.

Rusticas sombrillas de playa entre cocoteros en la Playa Ancon al sur de Trinidad

Precisamente estas constituyeron otro de los parámetros que favorecieron a esa declaratoria de la UNESCO; es decir, no solo la tipología arquitectónica que identifica a Trinidad como un sitio distintivo en Cuba y el Caribe, sino también los hábitos de vida, los interiores y todo el mobiliario que tipifica a esa localidad. Muchas de las construcciones trinitarias conservan elementos propios de épocas pasadas como las mamparas; pequeñas puertas que separan una habitación de otra; los sillones con pajilla, los adornos, luminarias, entre muchos otros detalles que pueden ser disfrutados en varias casas de rentas, sus instituciones culturales, hoteleras o en los museos que reproducen estos modos de vida local.

Montanas del Escambray vistas desde el Sendero de Vegas Grande en las cercanias de Trinidad

El 95 por ciento del patrimonio que se localiza en el centro histórico de la ciudad está totalmente conservado, de ahí que las 48.5 hectáreas que, aproximadamente, lo conforman sorprendan por su belleza.

Un valle también para preservar

Las labores de rescate han rebasado los límites citadinos llegando hasta el propio Valle de los Ingenios para reforzar, aún más, el trabajo de conservación en el área.

Torre de la Hacienda Manaca-Iznaga en el Valle de los Ingenios

Una nueva condición lo revitaliza. Si en los siglos XVIII y XIX la industria azucarera lo promovió como una de las zonas más prósperas de Cuba, a la vuelta del XX y principios del XXI el turismo lo favorece ampliando sus horizontes y atrayendo a quienes disfrutan de la historia y la cultural regional.

Un aspecto relevante es el trabajo de recuperación de las haciendas ubicadas en el Valle de los Ingenios con preminencia de la restauración de San Isidro de los Destiladeros, una de las más productivas de Cuba y de las tantas donde se pueden apreciar todos los exponentes del complejo agroindustrial azucarero propio del siglo XIX.

Haciendas en el Valle de los Ingenios: San Isidro de los Destiladeros

El minucioso estudio y trabajo in situ han permitido que, hasta la fecha, se hayan rescatado, aproximadamente, 16 barracones que fueron reconvertidos en viviendas y entregados a familias descendientes de esclavos para que los habiten. El barracón formaba parte de la tipología del ingenio azucarero. La literatura e historiografía los describen como sitios carentes de ventilación e iluminación donde eran encerrados los esclavos, luego de la dura faena en los campos de caña. Allí dormían directamente sobre la tierra, desprovistos de higiene o elementales condiciones de vida. Un espacio que rememora una de las tantas caras de la esclavitud en la época colonial cubana.

Otras acciones de revitalización se aplican hacia el interior del Valle de los Ingenios donde se promueve la reforestación, se incrementa la presencia de la ganadería y se estimula el predominio de los pequeños agricultores que dan vida a ese hermoso paisaje en el centro del país.

La experiencia de San Pedro

Espectaculo nocturno, parte de la Ruta del Esclavo, que muestra el sincretismo religioso presente en Cuba

El rescate de comunidades asentadas en el propio valle es otra acción de conservación. Una de las más llamativas es la intervención en el asentamiento de San Pedro, un proyecto en extremo interesante donde se retoma la edificación de viviendas a partir de antiguas técnicas constructivas, gracias al uso de la arcilla. Conocedores de los ancestrales métodos y pobladores interesados emprenden la ampliación de este Consejo Popular. El empleo de materiales autóctonos, combinada con fibras y residuos naturales le confieren una carácter sostenible, único de su tipo en Cuba.

A 35 kilómetros de Trinidad, San Pedro es un poblado fundado por algunos colonos españoles y luego ocupado por negros libertos, que escogieron el sitio por estar ubicado en el camino real que unía a Trinidad con Sancti Spíritus.

Campesino recorre a caballo el camino a la Hacienda San Isidro de los Destiladeros en el Valle de los Ingenios

Destaca por contar con habitantes que descienden de aquellos negros, libres o esclavos, que en siglos atrás hicieron prosperar la región con el sudor y esfuerzo de su trabajo y por conservar usanzas heredadas de los primeros moradores, como es el uso de materiales locales para la concepción habitacional. San Pedro integra el recorrido conocido como la Ruta del Esclavo promovida para el conocimiento de los modos de vida de esta ancestral población.

Una mirada a la historia desde el rescate y resguardo

Calles de la Villa de la Santísima Trinidad de Cuba

No basta disfrutar del mar que baña a Trinidad, del aire que proviene de sus montañas y del fruto de su rico valle. El placer proviene también del asombro que nos arrancan las obras rescatadas del olvido y el tiempo. Por eso Trinidad de Cuba invita a recorrerla con más de una intención porque también vale la pena admirar su devenir logrado gracias al esfuerzo de sus hijos.

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Al centro de Cuba, Trinidad es uno de los mejores exponentes de la conservación del patrimonio arquitectónico. Admirada por muchos es una ciudad donde todo conspira y estimula al cuidado y preservación de lo más importante: la cultura.

Arantxa

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