Una semana en Cuba, por la ruta del patrimonio

Una semana en Cuba, por la ruta del patrimonio

La Habana es una ciudad marinera, privilegiada por su estratégica posición geográfica en la cintura del continente. Es lugar de encuentro, cruce y diáspora de pueblos, enclave de diversas influencias culturales.

En 2016 ganó el título de Ciudad Maravilla al ser elegida por miles de personas en el tercer concurso anual que convoca la fundación suiza New7Wonders. Esto evidencia el valor material e inmaterial del patrimonio cubano, no sólo concentrado en la capital del país, sino en toda la gran isla caribeña.

Entonces le propongo una ruta a seguir para una semana en Cuba, comenzando por su capital, pero que nos llevará hacia el interior de una isla que no deja de sorprender.

La Habana, joya del Caribe

En 1982 la capital fue la primera ciudad cubana que mereció la categoría de Patrimonio Mundial y por ella empieza nuestra ruta. El conjunto urbano y arquitectónico de la antigua villa fundada en 1519 junto al puerto de Carenas, y que se identifica como el centro histórico de la ciudad contemporánea, al igual que las fortificaciones que conformaron su sistema defensivo, fueron reconocidas por representar una significativa etapa de la historia de Cuba y constituir un ejemplo singular de asentamiento humano tradicional.

Dentro del recinto amurallado que delimitó el antiguo sitio, se conservan espacios urbanos y conjuntos arquitectónicos de excepcional valor. Particular relevancia tienen escenarios como sus plazas y plazuelas; y las instalaciones de defensa de la época colonial, que fueron ejemplos de la ingeniería militar renacentista en el Nuevo Mundo y cuyos íconos son el Castillo de la Real Fuerza, Castillo de los Tres Reyes del Morro, El Castillo de San Salvador de la Punta, la Cabaña y la antigua Muralla, de la cual quedan algunos tramos.

Coloridas casas coloniales en la Plaza Vieja de La Habana

Se alzan otras obras de inestimable valor, como los palacios, casas, templos, que delimitan la Plaza de Armas, la de la Catedral, la de San Francisco de Asis, o la Plaza Vieja. Tales características convierten a La Habana Vieja en extraordinaria médula de la ciudad, uno de los centros históricos más interesantes del área caribeña.

Fue la población más próspera de Cuba y del Caribe, preeminencia testimoniada por sus monumentos entre los que se cuentan notables edificios representativos de los cinco siglos del devenir americano. A su vez, la transformación de la ciudad ofrece evidencias de todas las etapas por las que transitó el urbanismo hispanoamericano hasta nuestros días.

Vista del monumento a Jose Marti en la Plaza de la Revolucion de La Habana, al fondo el cielo azul de Cuba

Para lograr apenas una aproximación a la ciudad, es preciso pernoctar en ella dos días. Recomiendo visitar el Palacio de los Capitanes Generales, en la Plaza de Armas, donde se encuentra el Museo de la Ciudad con 40 salas de exposiciones permanentes. Sus ambientes habitacionales rememoran épocas señoriales.

El próximo destino es Cienfuegos, hacia donde se puede ir en avión, pues tiene un aeropuerto internacional, Jaime González (CFG), que se encuentra a 4 km del centro urbano. Desde La Habana también se puede rentar un taxi compartido de los que salen de la Terminal de Ómnibus Nacional, cerca de la Plaza de la Revolución, a 10 CUC (equivalente al dólar) por persona.

Cienfuegos es la ciudad…

El gran Benny Moré, famoso músico cubano, cantaba:

«Cienfuegos es la ciudad, que más me gusta a mí…»

Estatua de Benny More en el Prado de la ciudad de Cienfuegos

Al llegar a la que llaman «La Perla del Sur», uno debe darle la razón al mítico sonero. La urbe constituye el primer y excepcional ejemplo de un conjunto arquitectónico representativo de las nuevas ideas de la modernidad, higiene y orden, en el planeamiento urbano desarrollado en la América Latina del siglo XIX y la única ciudad de Cuba y de América, en esa propia centuria, fundada por franceses bajo la corona española.

Varias singularidades la definen: el Prado urbano más largo de Cuba, el único arco triunfal dedicado a los obreros de la isla, el emplazamiento de leones, las cúpulas que adornan el paisaje urbano…

A la riqueza monumental de palacios y construcciones eclécticas, se suman las iniciativas actuales que permiten la recreación, el desarrollo de la cultura material y espiritual, el arte, y la estancia de los pobladores.

Allí cuesta entre 20 y 30 CUC el hospedaje en casas particulares. Caminando hacia Punta Gorda se puede hacer un lindo paseo que bordea el Malecón a lo largo de 4 kilómetros, desde el centro hasta llegar a una antigua mansión que hoy funciona como restaurante (entrada 2 CUC con bebida incluida). Cienfuegos y sus antiguas casas son una invitación constante a sacar la cámara de fotos.

La próxima parada es en Trinidad, hacia donde parten autobuses de la agencia Viazul que cobran 6 CUC por persona.

Trinidad y el Valle de los Ingenios

La ciudad de Trinidad se funda en 1514 al centro de la costa sur de la Isla. En 1820 descuella como emporio azucarero y hacia 1827 se convierte en la mayor ciudad de casas de mampostería y tejas por habitantes en Cuba. Llegaron a funcionar 56 ingenios con 11,697 esclavos, la población total era de 28,706 habitantes y la cifra más alta de producción azucarera de la zona se alcanzó en 1846, para cuando estaban ya construidas las viviendas más destacadas del conjunto y en el «Valle de los Ingenios», se había desarrollado una importante arquitectura industrial monumental, de la que se conservan importantes exponentes.

Plaza Mayor y Museo Romantico de Trinidad

La quiebra económica y el aislamiento geográfico de la otrora próspera villa contribuyeron a que las instalaciones del valle llegaran a nuestros días con un alto grado de integridad, como extraordinario testimonio de una época crucial de la historia de Cuba y de la industria azucarera en América. El centro histórico de Trinidad y su vecino Valle de los Ingenios, quedaron inscritos en la lista de Patrimonio Mundial en 1988.

En ella se pueden recorrer sus empedradas calles y observar la magnífica arquitectura de la ciudad, incluyendo sus mayores sitios de interés como la Plaza Mayor y la Iglesia Mayor de la Santísima Trinidad. Esta última, una de las más amplias de Cuba, reúne varias piezas de gran valor, como el Cristo de la Vera Cruz y un altar de mármol dedicado a la Virgen de la Misericordia.

Cerca de la ciudad se encuentra el Valle de los Ingenios o «Valle de San Luis», verdadero monumento arqueológico a la industria azucarera. En el valle se conservan numerosas ruinas de las instalaciones relacionadas con la fabricación del azúcar, como los ingenios, los barracones, las casas de verano.

Campesino carga a su burro en las calles de Trinidad, al fondo duo de artistas descansa sentados en la acera

Para conocer la zona, hay que permanecer en ella por lo menos un día con su noche. El paisaje del valle y la arquitectura de la ciudad bien valen el esfuerzo.

El privilegio de Camagüey

Luego de compartir tres días entre Cienfuegos y Trinidad, pueden enrumbar sus pasos hacia otra joya del patrimonio, ubicada más hacia el oriente cubano. Para llegar a Camagüey puede tomarse un vuelo desde Cienfuegos hasta el aeropuerto internacional Ignacio Agramonte (CMW).

Escultura de bronze en la plaza frente al Teatro Principal de Camaguey

Fundada en 1514, bajo el nombre de Santa María del Puerto del Príncipe, forma parte de las siete primeras instaladas en Cuba en el siglo XVI por los españoles. En 1528 define su actual emplazamiento al centro de la provincia y aunque nace de una primitiva economía de subsistencia, el asentamiento evolucionó al compás de un sólido desarrollo ganadero hasta convertirse en ciudad, en 1817.

El núcleo fundacional, inscrito como Patrimonio Mundial en 2008, constituye un conjunto urbano-arquitectónico de gran calidad donde sobresalen como importantes hitos, magníficos exponentes de carácter religioso, un trazado urbano irregular, donde sus sinuosas calles y sus sorprendentes plazas y plazuelas multiformes, configuran una caprichosa trama en la que se erigen vernáculas construcciones civiles y domésticas que conviven en perfecta armonía con exponentes más actuales.

Niños se dirigen a la escuela por las calles de Camaguey, al fondo el Teatro Principal de esta ciudad

Los camagüeyanos acostumbran a decir que nacer en aquella villa es un privilegio, pero luego hacer un recorrido por una de las principales rutas del patrimonio, debemos convenir en que no son pocas las ciudades de la isla cubana que pueden ostentar una singular riqueza arquitectónica para orgullo de sus hijos.

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