Alicia Alonso se convierte en leyenda

Alicia Alonso se convierte en leyenda

El universo de la danza está de luto. A las once de la mañana del jueves 17 de octubre de 2019, la Prima Ballerina Assoluta Alicia Alonso partió, desde La Habana, hacia el infinito que aguarda a las grandes y verdaderas estrellas, pletóricas de talento, renovación, humildad y valentía.

Sin embargo, sus preferencias siempre estuvieron claras. Símbolo de gracia y entereza, de fortaleza y perfección, de dinámica y movimiento, se mantuvo al frente del Ballet Nacional de Cuba hasta los últimos días. Su espacio de confort era el escenario, el pabellón de ensayos, sus pinturas, la escuela y el hogar junto a sus seres queridos.

Por eso cientos de miles de amigos, discípulos y admiradores quedaron tan extrañados al pasar frente al cuerpo inerte, expuesto en capilla ardiente en el vestíbulo del Gran Teatro de La Habana, que fuera renombrado en su honor hace algún tiempo. El clima se confabula para la despedida en una tarde gris. Tal desconcierto se convierte en desasosiego cuando no la ven erguirse para recibir los aplausos y los espléndidos ramos de rosas blancas y rojas que le rodean para agasajar la actuación de toda una existencia larga y provechosa.

Una mujer con carácter

Algunos nunca la perdonaron por el coraje de permanecer en Cuba después de 1959, y mucho menos por su amistad con Fidel Castro. ¡Quién iba a pensar que su elevado arte cabría en un pequeño país regido por proletarios, cuando el destino del ballet estaba en manos de grandes potencias desarrolladas económica y culturalmente! Pero las difíciles decisiones de vida y los gestos desafiantes ante el poder hegemónico venían desde la juventud, desde el mero acto de fundar su compañía en 1948 y el posterior enfrentamiento al entonces gobierno de Fulgencio Batista para brindar una función de desagravio en la Universidad de La Habana.

No bailó más en su tierra hasta la época revolucionaria. En reciprocidad, millones de cubanos de todas las razas y estratos sociales la endiosaron, incondicionalmente, y le agradecieron una sólida fidelidad que ubicó a Cuba en la palestra internacional. De esa manera logró el posicionamiento del Festival Internacional de Ballet de La Habana y el Festival la Huella de España, entre otros, y una Escuela Cubana de Ballet que ha producido bailarines y coreógrafos de talla mundial. Más de una vez declaró que su mayor orgullo después de una presentación era escuchar el "¡Bravo por Cuba!". Si no resultaba así, decía, entonces la tristeza era su única recompensa.

Con férrea disciplina, cada átomo de su cuerpo se ponía en función del baile. Las piernas, los brazos, todos los músculos de su rostro emanaban histrionismo y habilidades supremas para representar las obras más famosas y desafiantes de la creación romántico-clásica y sus variantes experimentales desde la tradición. Con su ejemplo, estuvo entre las primeras en derribar los tabúes que atribuían desventajas a las características físicas y temperamentales de los latinos en la danza clásica.

Bailó con hidalguía y prestancia excepcionales hasta muy avanzada edad. En 1995 hizo su última presentación oficial, a causa de su punto débil: la visión. A pesar de ello, jamás perdió detalle ni oportunidad para guiar y aconsejar directamente a los integrantes de su compañía.

Repertorio memorable

Parte importante de su experiencia, formación técnica y académica fue adquirida en el extranjero, especialmente en los Estados Unidos y la antigua Unión Soviética. Pasó por los musicales de Broadway, el American Ballet Theatre de Nueva York, el Ballet de Washington, y posteriormente por el Ballet Ruso de Montecarlo, el Ballet del Teatro Bolshoi de Moscú y por otra decena de afamadas agrupaciones como estrella invitada. Sus biógrafos contabilizan visitas de trabajo a 65 países.

Ello le permitió enfrentarse al mundo resueltamente, con todas las herramientas necesarias para triunfar como profesional y directora. Desde muy temprano soñó con montar las más grandes obras pero algunas, indudablemente, estaban hechas para ella, a la medida de su estatura y sensibilidad.

Al repertorio de su compañía sumó Coppélia, Las sílfides, el Grand pas de quatre, La fille mal gardée, Un concierto en blanco y negro, Lydia. Posteriormente, La bella durmiente del bosque, Génesis, Cascanueces y otras decenas de obras. Cosechó muchos éxitos, hasta que redefinió con voz propia ese concepto a partir de dos personajes memorables: Carmen y Giselle.

A la primera le imprimió esa pasión femenina, dramática y erótica que sólo ella transmitía, y a la segunda sus actuaciones delicadas, limpios arabescos y giros vertiginosos que repitió durante 50 años en el papel, desde 1943. Una anécdota aleccionadora sobre ética y voluntad, relata que aceptó retomar a Giselle después de estar postrada en una cama por año y medio. Se dice que en los pocos ensayos que realizó, sus zapatillas manaban sangre y sudor. Sobre este particular, el crítico argentino Fernando Emery se pronunció sabiamente:

"Ella nació para que Giselle no muera."

De Cuba y hacia la eternidad

Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Martínez del Hoyo, su nombre de bautizo, lega a la humanidad 134 títulos interpretados sobre las tablas, 69 coreografías, cientos de discípulos, una compañía que emana orgullo y prestigio, sinónimo de constancia, calidad y virtuosismo.

A lo largo de su carrera recibió alrededor de cuatrocientos premios, órdenes y distinciones nacionales y extranjeras. En la última de ellas tomada en cámara, la de "Doctor Honoris Causa" por la Universidad Politécnica de Valencia, dijo a su interlocutor con timbre de abuelita compasiva, frágil y cariñosa que le faltaban palabras, porque siempre había sido mejor en el baile. Durante décadas fue una leyenda viva, pero ahora muchos nos aventuramos a decir que pasa a la eternidad como la mujer más importante e influyente en la historia cultural de Cuba.

El show debe continuar

Próxima a cumplir los 99 años de edad, la gran Alicia Alonso esperaba con ansia una larga jornada de espectáculos en su honor por toda Cuba, que no serán cancelados a pesar del trágico evento. Familiares, colegas y seguidores están convencidos de que así lo hubiese querido ella, profesional incansable y sumamente respetuosa con su público.

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Con cariño, admiración y agradecimiento, el pueblo cubano y la gran familia de la danza clásica mundial brindaron el último adiós a la célebre figura de Alicia Alonso, quien estaba cerca de cumplir los 99 años.

Milagros

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