Una lomita en el mar de Santiago

Una lomita en el mar de Santiago

En la llamada tierra caliente se le conoce como El Cayo, a secas, pero su nombre hoy es Cayo Granma y antes se llamaba Smith.

Aparece en la geografía como un pedacito de tierra que se eleva casi con pudor sobre la piel marina, ataviado con pequeñas casitas, diversas en su morfología y color, pero empinadas unas sobre otras, en un paisaje imposible de olvidar por lo pintoresco que resulta.

Para llegar a él es necesario navegar y ya esto lo hace, desde un primer momento, interesante. Si es de los que disfruta la experiencia de hacerse a la mar pues le recomendamos abordar una lanchita desde el Malecón de Santiago, y entonces podrá embarcarse en una travesía de al menos 40 minutos, en la que además de ser escoltado por gaviotas, accederá a impresionantes vistas de la Bahía, la ciudad y sus edificaciones emblemáticas.

Embarcacion cruzando la bahia santiaguera

Existe una segunda vía para llegar a ese asentamiento y es viajando por carretera hacia el Morro santiaguero. A un costado de éste, a unos 500 metros de la Playa La Estrella, zarpan unas embarcaciones parecidas a las utilizadas en La Habana para cruzar la bahía. Este recorrido es bastante corto pues Cayo Granma se divisa al frente de la ciudad.

Un poco de historia y algunos consejos

Este pequeño asentamiento se vincula con la existencia de comunidades aborígenes, pero también su historia está muy ligada a la fundación de la villa de Santiago de Cuba y los ataques de corsarios y piratas franceses e ingleses, dada su ubicación estratégica a la entrada de la bahía.

Vista a la bahia de Santiago desde un Torreon del Morro

Antes de ponerse a imaginar ese escenario, que obviamente seduce, le recomendamos que planifique su salida lo más temprano posible, sobre las 8 de la mañana, y estará llegando antes de las 9am, hora ideal para fotografiar el trayecto, pues el sol no ha alcanzado el cenit y obtendrá imágenes con un contraste medio, que los paisajes siempre agradecen.

Vista de la Bahia de Santiago de Cuba

Flanqueará la termoeléctrica “Antonio Maceo”, conocida como Renté, y la Marina Marlin Punta Gorda, un panorama que distante de aquel de costas vírgenes y vedadas, no deja por ello de ser digno de admirar y retratar, matizado por níveas embarcaciones de diversos tamaños y formas, que parecen danzar en las cálidas aguas del mar Caribe.

Y es que el cayo comenzó a poblarse con la contienda mambisa. Había una guarnición española en la cercana barriada La Socapa, al sur, que fue asediada fuertemente por los patriotas cubanos y estas acciones obligaron a emigrar a muchos de sus pobladores. Se dice que en 1879 ya vivían en el islote casi 200 personas y que dos años antes había comenzado allí la construcción de un templo o ermita de adobe que se le dedicó a San Rafael Arcángel, patrono de enfermos y viajeros.

Trabajadores del Morro comparte en un rato de ocio

Ya hoy la cifra de habitantes de ese pedacito de tierra se estima en al menos 850. Se dedican fundamentalmente a la pesca y son los descendientes de oriundos del cayo o de aquellos que en la época neocolonial cuidaban las propiedades de las familias burguesas asentadas allí, por considerarlo con potencial para sus casas y clubes de veraneo. Con el triunfo revolucionario la gran mayoría de estos pobladores emigró a Estados Unidos, tras lo cual Cayo Smith cambió su configuración y hasta su nombre.

Nina disfruta comiendo una guayaba

La experiencia en Cayo Granma

Se trata de un lugar donde sólo hay botes como medios de transporte. Resulta curioso que ni siquiera bicicletas ruedan allí. Es posible caminar por su calle principal, empedrada, y regresar al mismo punto en tan solo 30 minutos. Las demás callejuelas escalonadas, de lajas de piedra o bloques de concreto, suben y bajan en una singular disposición, adornadas por las modestas y ligeras casitas de colores, en su mayoría de madera, con gran valor arquitectónico.

Casas de los pobladores de Cayo Granma y zonas adyacentes en la Bahia de Santiago de Cuba

Encontrará rápidamente donde merendar frutas, que con alegre picardía le ofrecerá un carretonero. Otras opciones como jugos, refrescos, helados, galletas dulces y saladas estarán a su alcance en el mercado, justo al frente del embarcadero. Para almorzar, pues hay dos o tres restaurantes privados y uno estatal, que ofertan variedad de platos de comida criolla y autóctona, digamos, arroz con jaiba o con pescado, frituras de manjúas y las recetas con mariscos celosamente guardadas de generación en generación.

Plato de comida marinera

Si hace amigos durante la travesía, podrían hasta invitarle a su casa, plantar el horno de carbón y... ¡a asar pescados se ha dicho! Claro que no faltará el ron, muy bueno por esa zona. El Ron Santiago es uno de los mejores de Cuba.

También puede incursionar en la pesca. Hable con los lugareños, pregunte sobre esa posibilidad y quizás pueda degustar su propia captura. Conversar con el más viejo de los pescadores de la comunidad siempre será interesante e inspirador; él es el que más sabe de esas artes, de los períodos de corrida de una u otra especie y seguramente le deleitará con bizarras leyendas marineras.

Pescadores con su bote y artes de pesca listas para la faena

Como todo buen viajero, antes de emprender su regreso, le recomendamos visitar La Ermita, única de su tipo en el Caribe. Esa casa de culto, cada 24 de octubre, celebra la fiesta del santo patrón y llegan personas de toda Cuba, vestidas de verde, con ofrendas en sus manos, a agradecer o pedir por salud, prosperidad, viajes y mucho más.

Cayo Granma, para nada escondido

Turistas disfrutan de las hermosas vistas de la bahia desde la ciudad de Santiago de Cuba

¡Qué mejor oportunidad para compartir y revivir tradiciones! Ya ve, en aquella lomita del mar de Santiago siempre hay razones para festejar y pasarla bien. Por eso hay que echarse a la mar, mirar hacia atrás, o desde la otra orilla, para ver a Santiago, una ciudad rebelde, fuerte, mestiza... Cuna, dicen los cubanos, de la Revolución y donde la música, el calor y el trago fuerte dan molde a esa personalidad tan curiosa que es el oriental.

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Los santiagueros atesoran un pedacito de tierra de 9 metros de altura máxima y apenas 2,2 kilómetros cuadrados. Su devenir histórico, cultural y social potencia su apariencia de idílico paraje, al que se accede por mar en una travesía inolvidable...

Milagros

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