La isla del tesoro o tesoros de la isla: La Habana

La isla del tesoro o tesoros de la isla: La Habana

Cuando el alma tiene ganas de romance y lujuria en el paladar La Habana se abre como una mezcla de Tánger y Casablanca, una fusión de soles y sombras, una pátina del ayer que no emerge del recuerdo ni de diseños postmodernos. Es un tesoro auténtico para el alma, insisto, para el alma que tiene ganas de romance.

Banderas cubana ondean en los balcones de edifcio de La Habana Vieja

Confieso que una mirada rápida a La Habana, una caminata agitada, donde usamos más nuestra cámara que nuestros ojos, puede dejarnos la sensación fugaz de haber estado allí. Sin embargo, como todo encanto, esta ciudad se resiste a regalar sus tesoros al primer intento. Gusta de regodearse, de hacerte caminar por sus calles, probar aquí y allá, como si hicieras el amor, con una pizca de amargo y una de dulce.

La Habana, más que música, ron y tabacos

Artista canta en las calles de La Habana Vieja a turistas que recorren las calles de la ciudad

Hay tesoros que no se regalan y La Habana, segura de eso, mira al viajero con la picardía de sus casi 500 años. Sabe que aunque practiques cientos de horas nunca vas a bailar como los habaneros, mucho menos como las habaneras y que el ron y el mejor tabaco del mundo no saben igual fuera de la isla, pero te invita a disfrutarlos, a gozarlos, a creerte que la atrapas. Y es que en esa isla la salsa se baila igual y diferente, al contemplarlos podemos percibir que sólo conocemos parte de un lenguaje que danza entero ante nosotros, pero que no logramos descifrar.

Conjunto musical actua a las puertas de conocido restaurant en la Plaza de Armas de La Habana

La música es la clave y está en todas partes, en como hablan, en cómo andan, cómo hacen las cosas, es una fusión constante de todo lo que suena con todo lo que se habla. Y si se pregunta por qué, le responden:

"Camina por arriba del mambo."

El muro del Malecón

Coche y taxi recorren el Malecon, al fondo barco crucero se aleja del Faro del Morro en la entrada de la Bahia de La Habana

La Habana juega con el viajero como olas de mar que van y vienen, te refrescan o te empapan una y otra vez, a veces ahogan y los habaneros van al muro a llorar sus penas y su felicidad alimentando ese azul inmenso que enamora a unos y otros.

Niños juegan en la lluvia en calles aledañas al Malecon de La Habana

El muro del Malecón es adictivo. Regala los mejores atardeceres y las madrugadas más bohemias; noches de carnaval y paseos en "almendrón". Todos los secretos de la ciudad están bañados con aroma de mar, es una fragancia que se adentra en la ciudad vieja y se alberga en hostales coloniales, en callejones adoquinados, en el sabor de sus "paladares".

La Habana Vieja

Turistas se hacen fotos con la estatua del 'Caballero de Paris' en la Plaza de San Francisco de Asis de La Habana Vieja

Como árbol centenario la vieja Habana exhibe sus anillos como si de premios se tratase. Su variada colección de ruinas eclécticas junto a laureadas fortalezas, palacetes y demás joyas coloniales desfila ante nuestros ojos como un documento de historia viva.

Fotografo trata de acpturar la estampa de un ciclista en bicicleta gigante por las calles de La Habana Vieja

Adentrarse sin rumbo en sus callejuelas invita al asombro, a la sensatez, al deleite de los sentidos. Cada fachada diferente a la otra, cada rostro mezcla de todas las razas, la humildad y la opulencia toda en una, la rumba el reguetón y el canto lírico todo uno y en medio, deambulando, nosotros, los viajeros, adivinando tesoros, hablando lenguas como en una Babel y retratando haces de luz que dibujan los rostros de una ciudad que simula parecerse a ella misma.

La capital de los coches clásicos

Ciche americano de los años 50 circula por el Paseo del Prado con direccion a Centro Habana

Por avatares del tiempo, la desidia, la política y los inventos, los coches clásicos han devenido imagen de Cuba. La representan cual pasaporte auténtico, ronronean por las calles como cuadros para una exposición, emulan la representación del Ché Guevara, simbolizan una sociedad detenida en su tiempo. A falta de que se impriman billetes y sellos postales con su imagen, este ícono apócrifo teje historias verdaderas por las arterias de la isla y se exporta en el recuerdo de todos sus pasajeros.

La ruta del sabor

Paladares y casas particulares se anuncian con improvisados carteles en las calles de La Habana

Como prestidigitador andaluz la gastronomía insular abre cientos de puertas al paladar viajero. Esconde la explosión del sabor a los incautos con versiones de lo auténtico y ofrenda manjares a quien la seduce. Para saborear la excelente cocina cubana es preciso recorrer la ruta del sabor que es como recorrer la historia de La Habana o andar por la isla cual explorador renacentista. Aún no cimentada en textos, los encantos de tan deliciosa culinaria se hallan dispersos en la memoria de generaciones de cubanos y hoy se asoman como por encanto en "paladares" y restaurantes.

La Habana, una invitación

Turistas leen con atencion inscripciones y dedicatorias en las paredes de edificios patrimoniales de La Habana Vieja

Viajar por Cuba con ganas de romance es un encanto a la vista, al paladar, a todos los sentidos. Si La Habana deleita con su aroma y "vintage", su dosis de surrealismo, su baile, su gente y su música, exploremos los tesoros que alberga nuetsra Cuba tan singular como ávidos viajeros en pos de la verdad, de lo profundo, en busca del placer de lo extraordinario.

Viajar es la búsqueda delirante de lo inefable, una necesidad de leyenda que sólo se regocija con el hallazgo de lo nuevo. Viajar es también buscar un sentimiento, como subirse a un velero hace 500 años y aterrizar en Cuba, la isla del tesoro.

milagros Milagros

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