Dos días en Trinidad, con prisa pero feliz

Dos días en Trinidad, con prisa pero feliz

Dos días en Trinidad bastaron para conocer los motivos que la convierten en una ciudad peculiar. Su historia, su arquitectura y su cultura parecen hablarnos, desde el presente, sobre un pasado colonial de penas y alegrías. ¿Si volveré? Pues claro.

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Dos días en Trinidad bastaron para conocer los motivos que la convierten en una ciudad peculiar. Su historia, su arquitectura y su cultura parecen hablarnos, desde el presente, sobre un pasado colonial de penas y alegrías. ¿Si volveré? Pues claro.

Arantxa

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