La Habana: 500 años de calles y avenidas

La Habana: 500 años de calles y avenidas

La historia fue así. Al principio todo era bosque y rocas. Para abrirse paso había que utilizar sables, machetes y caballos. El establecimiento de los primeros fuertes, residencias y plazas en La Habana llevaron a la necesidad de construir caminos para el transporte, el trasiego de tropas y mercancías, y la comunicación más segura y confortable.

Después llegaron las “chinas pelonas”, piedras más o menos lisas de aspecto y tamaño dispares que producían dolores en las plantas al caminar, repetidos golpes en las posaderas y ruido estrepitoso al paso de los carruajes con llantas de metal.

Calle de San Ignacio, cerca del Callejon de Chorro en la esquina de la Plaza de la Catedral de La Habana

Más tarde se sustituyeron por lajas de cantería unidas con tierra, que bajo la lluvia se convertían en peligrosas ciénagas y lodazales deslizantes, hasta que aparecieron los adoquines de granito o de barro, más pequeños y ajustados, que se unieron con argamasa y otros adhesivos similares.

Aún quedan muchos de esos en el centro histórico, muestra de su solidez y perdurabilidad. Porque mucho demoraron en aparecer el concreto y el asfalto, mientras La Habana parecía indetenible en su puja por crecer. Las calles de una ciudad también muestran una visión importante de su historia y evolución, de su aspecto y funcionalidad.

Calles habaneras, diversas y necesarias

Desde anchos paseos marítimos y grandes avenidas, hasta calles y recónditas callejuelas de barrio perpendiculares o paralelas al mar, exhibe La Habana como toda urbe subdesarrollada, superpoblada y cosmopolita. Así aparecen, contradictorios y heterogéneos en trazo, longitud y calidad, los grandes paseos del Prado, Carlos III y calle G; las avenidas Quinta, 41 y 51; mientras que en otros lugares encontramos los callejones del Chorro, Churruca y Hamel, entre los trayectos más pequeños.

Calle Mercaderes en el corazon de La Habana Vieja

A continuación, exponemos una caprichosa, aunque no arbitraria, muestra de esas vías para apreciar en toda su dimensión la diversidad de materiales, épocas y funciones de las calles de la capital antillana.

  1. Boulevar de Obispo

    Sin mayor precisión posible, fue una de las primeras calles de la villa de San Cristóbal de La Habana. Estrecha para guarecerse del sol, está ubicada al sur de la Plaza de Armas y a un costado del Palacio de los Capitanes Generales. Se desplaza desde la costa hasta la calle Monserrate.

    Calles con historias: Obispo, justo en la Plazuela de Albear

    Cuando la vemos y transitamos hoy, es difícil imaginarla como un terraplén rodeado de casitas de madera, con techos de yagua obtenida de la palma real, como muchas de sus similares en La Habana Vieja. Obtuvo su nombre definitivo gracias a la residencia en sus predios de los obispos Fray Jerónimo de Lara y Pedro Agustín Morell de Santa Cruz.

    Desde hace muchos años es un boulevar comercial y Obispo es una de las calles más concurridas de la ciudad. Tiendas, restaurantes, cafeterías, librerías, ferias de artesanía, souvenires y galerías de arte, componen su oferta más suculenta.

  2. Alameda de Paula

    Este fue el primer paseo marítimo de La Habana y, por supuesto, al principio la Alameda de Paula era solo un terraplén bordeado de árboles en fila, con algunos bancos para sentarse a la sombra. Hacia 1777 surgió con el mismo nombre de la iglesia ubicada en sus márgenes.

    Un paseo por la Alameda de Paula

    Surcaba el borde interior de la muralla, con escaleras y mirador. Durante la primera mitad del siglo XIX alcanzó su mayor auge con pavimentación de baldosas, iluminación artificial, bancos de piedra y una glorieta para el descanso y el romance. Allí se conserva aún una columna de mármol dedicada al que fuera Capitán General de Cuba, Leopoldo O’Donell. En años recientes ha recibido un fuerte proceso de rehabilitación por parte de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

  3. Tacón, la calle de madera

    Esta es una de las más cortas y singulares en el panorama habanero. Se extiende sólo por una cuadra y sirve de límite vial entre la Plaza de Armas y el Palacio de los Capitanes Generales.

    Calles con historias: Tacón en la Plaza de Armas de La Habana Vieja

    Dicen que se reconstruyó de madera a inicios del siglo XIX porque el ruido de las llantas de los carruajes sobre las piedras del suelo, molestaba en demasía a la esposa del gobernador del momento, Don Miguel Tacón y Rosique.

    Fue redescubierta bajo varias capas de pavimento durante labores de restauración en los años 80 del siglo pasado y rescatada a la vida por especialistas que periódicamente le brindan mantenimiento.

  4. Malecón y Avenida del Puerto

    Muchos años llevó la total construcción de estas dos avenidas, que se unen frente al Castillo de San Salvador de la Punta. El Malecón se inició por tramos en el siglo XIX, a tono con las exigencias urbanísticas de la ciudad. Llegó hasta el túnel del río Almendares en 1959.

    Vista del Malecon habanero en la zona de Centro Habana

    Las labores de construcción de la Avenida del Puerto, por su parte, comenzaron en 1927 hasta 1957, pero recientemente recibió labores de rehabilitación y remozamiento. Ambas vías se conectan en un largo cordón que bordea el litoral y figuran entre los paseos más disfrutados de la capital cubana.

    Estas avenidas figuran como vías rápidas y de dos sentidos, con tres carriles cada una, que conectan a varios municipios citadinos. Son reconocidas por las bellas vistas que regalan, tanto de La Habana como del mar que la baña, y por ser balcones hacia el mar que atraen a los enamorados, melancólicos y trasnochadores.

  5. Línea y 23

    Las calles Línea y 23, son dos de las más populares y modernas arterias de La Habana. Línea fue la primera calle trazada en el Vedado, allá por los confines del siglo XIX, para enlazar a la entonces zona residencial en desarrollo con la también creciente Miramar, en el municipio Playa. Por ella han transitado desde carruajes señoriales, pequeños trenes y tranvías eléctricos, hasta modernos y confortables autos. Fueron precisamente las líneas férreas que la atravesaron hasta 1952, las que le otorgaron el nombre que la designa.

    Casonas tipicas de la Calle Linea, Vedado, La Habana

    La calle 23, por su parte, es un símbolo de la capital cubana desde sus inicios en 1862. Nace en el mar, en la Avenida Malecón y muere a unos cinco kilómetros, en el puente sobre el río Almendares. Reúne en su recorrido a una gran cantidad de centros culturales y recreativos, y es una galería arquitectónica donde coexisten los más variados estilos. Su zona más concurrida y popular es, sin dudas, La Rampa, el corazón de la vida citadina de la ciudad moderna. Sin 23, La Habana de hoy estaría incompleta.

  6. Avenida Rancho Boyeros

    Los que llegan o salen de Cuba por aire conocen esta importante arteria, una de las más jóvenes de la ciudad. Es la vía expedita al Aeropuerto Internacional José Martí (HAV), lo que la convierte en un camino concurrido, popular y con mejores condiciones físicas que la mayoría. Atraviesa gran parte de la capital, desde el municipio Plaza de la Revolución por el sitio donde confluyen las avenidas de los Presidentes (calle G) y Carlos III, hasta el periférico poblado de Santiago de las Vegas, ubicado precisamente en el municipio Boyeros.

    Chevrolet Bel Air 1956 en la Avenida Rancho Boyeros, La Habana

    Es una vía amplia, bien señalizada, de varias sendas, con separador, luminarias y pocos semáforos, lo que la convierte en un trayecto cómodo y rápido. Su segmento más agradable está comprendido entre la Ciudad Deportiva y las inmediaciones de la Plaza de la Revolución, donde luce un paseo central sembrado de palmas reales.

    Monumento a Camilo Cienfuegos en la Plaza de la Revolucion, visto desde coche circulando por Rancho Boyeros

    Por Rancho Boyeros se puede llegar a disímiles instituciones gubernamentales y públicas, a fábricas, terminales aéreas, centros recreativos, deportivos, comerciales y centros de enseñanza, una cualidad que la hace sobresalir entre todas y le otorga su sello de modernidad.

Curiosidad de las calles habaneras

Se dice que fue hasta bien entrado el siglo XIX, alrededor de 1862, cuando La Habana comenzó a aplicar una numeración medianamente exhaustiva de las casas y una rotulación racional y lógica de las calles, en un proceso complejo y muy discutido que duró hasta inicios del siglo XX.

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La historia de una ciudad contada por sus calles es un atractivo pretexto para hablar de La Habana en sus 500 años de existencia, con una diversidad esperada pero sorprendente, de acuerdo a las distintas épocas y contextos.

Milagros

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