Hoteles 5 estrellas habaneros: entre el lujo y la tradición

Hoteles 5 estrellas habaneros: entre el lujo y la tradición

Eusebio Leal Spengler, historiador de La Habana, en cierta ocasión afirmó “cada ciudad es un retrato de su gente, cada ciudad es una muestra de lo que ha sido capaz de demostrar su poderosa imaginación”.

Y La Habana no lo es menos: “Patrimonio Mundial”, Ciudad Maravilla ... por eso el cubano vive orgulloso de su capital. Ve en cada edificio, aun en los más gastados, calles, plazas, monumentos, un testigo, un fiel compañero y un reflejo de sí mismo.

Reflejo también de su voluntad de sobrevivir, de “salir adelante”, como dicen en Cuba, de su pasión por agarrar a la vida como se agarra a un toro bravo, por los cuernos, y mirarla directo a los ojos, retarla, y domarla.

Tal desborde de energía nutre a cada piedra de esa ciudad y provoca que esta reverdezca con cada amanecer tropical.

Si de hoteles 5 estrellas se trata ...

Y siendo La Habana una ciudad que gusta de los viajeros, tan grata es a sus sensibilidades románticas, a sus espíritus aventureros y afanes exóticos, este ímpetu, casi nietzscheano, no es ajeno a los hoteles citadinos.

A todos, y especialmente a los más exquisitos y lujosos. Aquellos que ostentan, en el firmamento del confort y el buen gusto hostelero, la categoría de cinco estrellas.

A esos hoteles habaneros, algunos con cien años y más de tradición, bien valdría dedicarles unas líneas. Y de paso, acompáñeme, venga a conocer algunos de esos gigantes, los que vibran entre las calles de La Habana Vieja, en el corazón de la capital cubana.

  1. Hotel Iberostar Grand Packard

    Fachada del Hotel Iberostar Grand Packard

    Inaugurado oficialmente en el 2018, este hotel es uno de los más lujosos de La Habana Vieja, y de Cuba toda. Se alza al final del gran y señorial Paseo del Prado, boulevard icónico de la capital cubana.

    El Paseo del Prado divide dos notorios barrios, Centro Habana y La Habana Vieja. Hacia el lado de la segunda, a las puertas del Malecón y teniendo como escolta a los gigantes El Morro y La Cabaña, la familia Ulloa, oriunda de España, construyó el hotel Biscuit en el año 1911.

    Enseguida advirtieron la importancia del enclave. La Habana crecía y alrededor del céntrico paseo la vida comercial, cosmopolita, entraba en franca ebullición, encendiendo el interés de disímiles personas del mundo entero.

    El Biscuit era una casa de huéspedes, confortable y con modernos servicios de ascensores, baño privado con agua, lavandería, etc. Solo se admitían matrimonios sin niños y viajeros. Y constituyó, con el tiempo, el refugio habanero de diferentes personalidades, como Marlon Brando, Pablo Neruda, etc.

    Dos décadas después, en 1931, los Ulloa, ya repletos de dinero, se convierten en representantes del automóvil norteamericano Packard y convierten los bajos del hotel en agencia de venta de autos de esta firma. Pasa a llamarse entonces Hotel Packard.

    Ubicado en las cercanías del Museo Nacional de Bellas Artes, del Capitolio y del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. Cercano a íconos de la capital cubana como los palacios Velasco y Bacardí, El Floridita o La Bodeguita del Medio, es, también, una puerta de fácil acceso a los atractivos culturales de la parte más antigua de la ciudad.

    Hermosa vista a la bahia de La Habana desde la piscina del hotel Iberostar Grand Packard

    Después de la muerte de los últimos Ulloa, el edificio entra en franca decadencia. La Oficina del Historiador luchó por preservarlo, pero incapaz de asumir tamaño empeño ella sola, y tras años de negociaciones, al final pudo llegar a un acuerdo con la cadena hotelera Iberostar Hotels & Resorts.

    La edificación se construyó desde cero, excepto las fachadas, ubicadas en la misma calle Prado y la calle Cárcel respectivamente, que fueron conservadas y restauradas dado su alto valor arquitectónico, y tardó 32 meses en estar lista.

    Su apertura fue todo un suceso. Como el fénix, renacía de entre sus ruinas, no un hotel, sino un palacio de cuento de hadas. Hotel cinco estrellas plus, se construyó según estrictas normas medioambientales y posee 321 habitaciones con 10 niveles.

    Con todas las comodidades y placeres propios de los hoteles de su rango, el Grand Packard ofrece la posibilidad de escoger entre sus habitaciones, aquella que más se ajuste a su exigencia: Estándar, Minisuites, Junior Suites y Suites.

    Si desea algo aún más especial, una habitación en el área de Star Prestige, un sitio separado del hotel y con múltiples servicios especiales, de seguro colmará sus aspiraciones.

    Posee, en el primer nivel, las salas polivalentes y el área de tiendas conjuntamente con el piano-bar y el cigar-bar, un restaurante gourmet, un bar de tapas y el gran patio central con cubierta de cristal y climatización

    En el quinto nivel, se localiza un spa con una extensa variedad de servicios de salud y belleza, rematado por un gimnasio bien equipado.

    En el sexto nivel, una piscina con capacidad para 130 personas, extiende sus cálidos y sensuales brazos azules hacia la Bahía de La Habana, hacia el Caribe en toda su maravillosa extensión.

    En el parqueo soterrado, a prueba de las penetraciones marinas, lo aguarda una verdadera “delicatessen”: un automóvil de lujo Packard Clipper 1942, del cual solo hay, actualmente, tres en el mundo.

  2. Gran Hotel Manzana Kempinski

    Vista al capitolio desde uno de los restaurantes del Gran Hotel Manzana Kempiski

    “Lo compré en la Manzana de Gómez”, solían decir los habaneros de antaño. Según el historiador cubano Ciro Bianchi, para muchas personas este sitio constituyó punto de referencia obligado en La Habana de hace más de 50 años atrás.

    La Manzana de Gómez, fue el primer centro comercial cubierto a la usanza europea en Cuba. Construido por José Gómez-Mena Vila, acaudalado comerciante, sus obras empezaron en 1894 y concluyeron específicamente en 1918. Con el tiempo, llegó a ser comparado, por su esplendor y confort, con la Galería La Fayette de París.

    Posee unos 5 pisos de altura y ocupa una manzana completa, de ahí su nombre. Fue la primera cuadra de la ciudad enteramente construida para trasiegos comerciales, con dos calles diagonales interiores que atraviesan el edificio. Está limitado por las calles Neptuno, San Rafael, Zulueta y Monserrate.

    Después del triunfo revolucionario, el edificio conservó sus objetivos comerciales, y se le sumó la apertura de oficinas gubernamentales. A principios del siglo XXI, el grupo hotelero suizo Kempinski, uno de los más prestigiosos del mundo y el más antiguo de Europa, con 74 hoteles en unos 30 países, se interesó por este enclave comercial y apostó por la reapertura del mismo.

    Ahora como Gran Hotel Manzana Kempinski, abrió sus puertas de nuevo en 2017. Hotel de lujo y noble competidor del Grand Packard, constituye un sitio de referencia para todo viajero que aspira a visitar La Habana.

    Piscina del Gran Hotel Manzana Kempinski

    Por su privilegiada ubicación, a su alrededor se yerguen el Parque Central, el edificio Art Decó Bacardí, el Museo de Bellas Artes, el Hotel Parque Central, el Bar El Floridita, la calle Obispo, el Hotel Plaza y el Centro Comercial Harry Brothers.

    Posee más de 200 habitaciones exquisitamente decoradas con una elegante mixtura de modernidad y tradición, todas con acceso a Internet. Dos restaurantes de primera clase, una lujosa piscina en su terraza con vistas al Capitolio Nacional, al Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso y el Parque Central.

    Un gimnasio totalmente equipado, sauna, spa, tres bares de lujo, uno en la terraza, otro en la piscina y un tercero en el vestíbulo. En el sótano, lo espera un dinosaurio: los restos de la antigua muralla de La Habana, conservados para el deleite de los interesados en la historia de esa hermosa ciudad.

  3. Hotel Saratoga

    Fachada del hotel Saratoga

    Esta es una edificación que goza de personalidad propia. Ubicada en la calle Prado y Dragones, fue terminada en 1880, por lo que es anterior al Kempinski.

    Construida por el comerciante español Don Gregorio Palacio y Pérez, se destinó inicialmente a albergar establecimientos comerciales y de almacenamiento en la planta baja; cuatro viviendas en el segundo piso y una casa de huéspedes con 43 habitaciones en el tercero.

    En 1911, se inaugura en sus predios al Hotel Alcázar y no es hasta 1933 que este se convierte en el Saratoga. En 1935 ya las guías turísticas lo registraban como uno de los hoteles más importantes de La Habana, por su confort, elegancia sencilla, con cierto toque casual, y su céntrica ubicación.

    Cuando sale del hotel, con lo primero que se topa es con el Parque de la Fraternidad. Camina un poco y podrá admirar la Fuente de la India o de la Noble Habana; el Capitolio Nacional de Cuba; los palacios de los centros Gallego y Asturiano; el antiguo Casino Español; la Fábrica de Tabacos Partagás y el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

    El Hotel Saratoga mantuvo su vitalidad hasta los años sesenta del pasado siglo, en que quedó convertido en casa de vecindad. En 2005, abre sus puertas de nuevo gracias al ímpetu de la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana. Casi nada pudo recuperarse de la estructura interna anterior; pero debo señalar, que con la renovación el hotel ganó en ligereza, sencillez y elegancia.

    Un cálido vaho hogareño recorre sus instalaciones, las dota de elegancia y resalta la distinción casual que poseía su antecesor. Basta de grandes espacios pretenciosos y muebles macizos; para el mobiliario, ligereza y funcionalidad.

    Hermosa vista de La Habana desde la piscina del Hotel Saratoga

    El hotel tiene 32 metros de altura y 13 niveles estructurales. En la planta baja lo recibirá, si prefiere hospedarse en el Saratoga, la acogedora Recepción y el Restaurante-Bar Anacaona, con capacidad para 110 comensales y caracterizado por dos detalles: excelente comida criolla cubana y coctelería nacional e internacional.

    Luego, en el mezzanine encontrará el lobby, ubicado en el patio interior; baños públicos y un centro de negocios con dos salas de reuniones.

    Posee siete niveles dedicados exclusivamente a las habitaciones. En total hay 96 habitaciones (89 de tipo estándar, 4 suites de esquina y 3 suite dúplex). Dentro de las suites de esquina, por ejemplo, destaca la Suite Habana.

    Esta suite es ideal por su puntal alto, su espacioso dormitorio y ventanas a todo lo alto. La completan el delicado mobiliario y un decorado a base de obras de arte de pintores cubanos. Es perfecta como remanso familiar

    En cuanto a las suites dúplex, le recomendamos las Suites Prados, con un dormitorio en su nivel superior, donde hallará una elegante cama con dosel y un baño.

    Estas suites tienen ventanas a todo lo alto del puntal y si sale a su balcón de hierro fundido, para disfrutar del ocaso, este le regalará el suave y vaporoso ritual de una ciudad que se prepara para recibir a la noche.

    En el último de estos niveles, se incluyó, además, el Spa (centro de belleza y tratamientos relacionados).

    En su afamada terraza-mirador, ubicada en el último piso de la instalación, tendrá una vista de casi 270º de buena parte de la ciudad, la bahía y el mar. Posee una piscina rectangular, un gimnasio, un snack bar y le ofrece variadas propuestas culturales, de tipo musical y danzario.

  4. Hotel NH Parque Central

    Hermosa vista panoramica del Parque Central

    Es otra de las joyas del Grupo Iberostar Hotels & Resorts en la capital de todos los cubanos. Su estilo colonial español se integra maravillosamente con los matices de modernidad que lo rodean día a día.

    Es, además, otro de los hoteles, junto a los ya mencionados, que comparte el privilegio de encontrarse en las fibras del corazón habanero. Como bien lo indica su nombre, abre su entrada al Parque Central y cerca encontrará el Bar Floridita o La Bodeguita del Medio.

    Ubicado en Neptuno, entre Prado y Zulueta, desde sus amplios ventanales puede admirar el Capitolio, el Gran Teatro de La Habana o el Museo Nacional de Bellas Artes.

    Posee 427 habitaciones, de estas 27 son suites, y la mayor parte cuenta con una maravillosa vista al histórico Paseo del Prado.

    El Hotel Parque Central combina discretamente la elegancia del estilo colonial hispano con instalaciones, comodidades y servicios modernos, de alta demanda internacional actualmente.

    Parque Central

    Constituido por dos edificios, una sección colonial y una moderna torre, se conectan por un túnel soterrado, elegante, con un ligero toque de emoción. Ambos edificios tienen lobby, restaurantes y habitaciones independientes.

    Si es de los que prefiere la modernidad, le recomiendo La Torre, el edificio incorporado en el 2010, con 149 habitaciones, entre sencillas y suites. Su diseño, hijo de estos tiempos, basa su esencia en una combinación de madera, vidrio y acero.

    Si gusta de la pátina del tiempo, hospédese en el ala colonial. Una luna de miel o un encuentro de negocios en ella, sazona a estos sucesos con las especias del tiempo.

    El hotel se precia, además, de poseer un salón para reuniones y conferencias con capacidad para 600 personas. A su vez, las terrazas de ambas azoteas exhiben sendas piscinas, ideales para familias con niños.

    En los meses de verano, resulta inapreciable poder reclinarse en una de sus cómodas tumbonas, un Daiquirí, un Mojito o un libro en mano, y como única compañera y confidente, la hermosa vista de la ciudad que se desborda frente a las terrazas de este maravilloso sitio.

  5. Hotel Santa Isabel

    Antigua casa de los condes de Santovenia, actual Hotel Santa Isabel

    Ahora bien, si lo que desea para su estancia en Cuba es un hotel igual de exquisito, pero pequeño; añejo, pero confortable; vivo, pero tranquilo, entonces le recomiendo que se desplace a la Plaza de Armas, en pleno centro de La Habana Vieja.

    Allí, muy cerca de la bahía; a pocos metros de El Templete; del Castillo de la Real Fuerza y del Museo de la Ciudad, antiguo Palacio de los Capitanes Generales, en el número 9 de la calle Baratillo, se alza imponente el Hotel Santa Isabel, antigua mansión de los Condes de Santovenia.

    A medio camino entre el pasado y el presente, el inmueble tiene una rica tradición en el ramo hotelero. Sus inicios se remontan a 1867, cuando el militar norteamericano Luis Lay, oriundo de Nueva Orleans, la alquiló y transformó en hotel.

    Posteriormente, el lugar vivió disímiles peripecias, cambió de dueños varias veces e incluso dejó de funcionar como hotel. Hasta que, en los 90, la Oficina del Historiador de La Habana decidió restablecer la antigua red hotelera del Centro Histórico.

    El Palacio de los Condes de Santovenia fue uno de los favorecidos y en 1997 volvió a abrir sus sólidos portones a viajeros del mundo como hotel de lujo. Les ofreció abrigo, les mostró la proverbial hospitalidad criolla y de paso les reveló algunos de sus más suculentos secretos.

    Antigua casona de aristócratas criollos, el rancio abolengo de ilustres rostros pretéritos recorre, apacible, nudoso, sus tres pisos; sus 27 habitaciones; su largo vestíbulo; el patio interior y las galerías que lo rodean.

    Patio interior del Hotel Santa Isabel

    Todo decorado con obras de notorios artistas del patio, como Lescay, Fabelo y Zaida del Río, entremezcladas con piezas propias de este tipo de casonas señoriales del siglo XIX.

    Regentado por la compañía turística Habaguanex S.A, el establecimiento posee, además, un elegante restaurant, “Condado”, donde puede degustar los deliciosos desayunos dentro o, si lo prefiere, fuera bajo la mirada de la galería de arcos.

    Ostenta, también, una terraza-mirador ideal para disfrutar con su pareja una puesta de sol en el trópico.

¿Y por decir, queda ...?

Nada. Sólo invitarlo a que viaje a La Habana, escoja uno de estos hermosos hoteles y disfrute intensamente su estancia en él. Pero, recuerde, le recomiendo estos grandes hoteles, no sólo por su lujo y confort, o por su elegancia y modernidad; se los recomiendo, esencialmente, porque aún son capaces de mostrarles sus almas.

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La Habana, ciudad de grandes hoteles 5 estrellas. Visítela, hospédese en alguno y empápese del lujo, el confort y la elegancia que estos ofrecen. Pero, sobre todo, intente hallar aquello que lo hace verdaderamente grande y único...

arantxa Arantxa

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